Brigada de solidaridad en Brasil 2014

17 casas, un río, un árbol de mango y, al final del camino polvoriento, una montaña. El asentamiento Queimadas en Santa Quitéria se ubica en «o sertão», el paisaje árido característico de la región noreste de Brasil. Estamos en el estado de Ceará, en el mismo lugar que visitamos con la brigada de solidaridad de LAG en el otoño de 2014. En aquel entonces, no había llovido por cuatro años, por lo que el único río que pasaba por la zona estaba totalmente seco. Cuando jugábamos al fútbol en el lecho del río, el polvo se arremolinaba con cada patada. El ganado había perecido y las plantas, árboles y huertos estaban ya marchitos. Sólo el mango lograba hacerse de los nutrientes suficientes para subsisitr y lo hacía de tal manera que podíamos, si se nos atonjaba, recoger sus frutos cada día. Un camión-tanque llegaba con agua potable a diario y los habitantes que normalmente vivían de la cría de animales y la agricultura familiar, dependían del programa estatal «Bolsa Familia». Pequeñas transferencias monetarias para cubrir los gastos básicos mientras se aguardaba la lluvia. Sin embargo, para el Estado brasilero y las empresas, Queimadas y Santa Quitéria eran una región de gran valor.
Los habitantes llamaban El dragón dormido a la montaña que sobresalía al final del paisaje desértico. La montaña era lo suficientemente alta como para contener minerales valiosos. Durante años las empresas habían presionado para extraer uranio y fosfato. El riesgo de contaminación del agua y el aire con metales pesados y radioactividad, hacía que la comunidad mirara con temerosa desconfianza al proyecto extractivista.
La lluvia no se consigue luchando, pero luchando se puede asegurar que el dragón siga durmiendo. Uno de los habitantes de Queimadas lo dijo así: -El uranio es como el dragón. Si lo dejas en paz, no hace nada. Si lo despiertas, se pone furioso.