Activista de LAG

Regresando a casa desde Valdres; Maria, Jenny, Tidemand y yo escuchábamos a Vigdis Hjort en un podcast de Fett (revista feminista noruega). Hjort hablaba de la importancia de la costura en la historia de lucha de las mujeres. Mencionó especialmente un calzón que ella (o tal vez otra autora) había encontrado en un espacio secreto de una vieja cajonera. El calzón había sido parchado y surcido varias veces, y se había convertido en testigo de manos trabajosas que sabían cuidar de las cosas. Al calzón de mi parche lo heredé de mi abuela. Murió cuando yo tenía ocho años. A pesar de su edad, y a diferencia de otros calzones que he tenido, este calzón ha perdurado. No ha perdido su forma, ni se ha desgastado en el medio, allí donde normalmente mis pelos desgastan a mis calzones nuevos. Estaba cosiendo las palabras «NO ES NO» cuando mi compañero me miró. Creyó que estaba parchando los calzones viejos de mi abuela y me preguntó si no me merecería unos nuevos. Me sentí orgullosa como la mujer que parchaba aquellos otros calzones.