Brigada de solidaridad en Chiapas, México 2012

De febrero a mayo de 2013 seguí las audiencias del juicio contra el ex general Efraín Ríos Montt, acusado como uno de los responsables del genocidio contra el pueblo Maya Ixil, durante el conflicto armado en Guatemala en la década del ’80. Cuando el 10 de mayo el Tribunal de Mayor Riesgo dio a conocer la condena e hizo pública una sentencia histórica, no pude conciliar el sueño sin escribir el siguiente texto:
Lágrimas de alegría por Guatemala
El viernes 10 de mayo de 2013 fue un día inolvidable. Ese día, Guatemala se rebeló contra la impunidad y triunfó la justicia. Ese día, el mundo mejoró, aunque sea un poquito.
Viendo los rostros en la sala era perceptible que algo importante estaba por pasar. Sí, incluso la Madre Tierra señalaba que lo que se juzgaría era serio. El equilibrio tiene que re-establecerse; la injusticia será justicia. Fue sólo un pequeño temblor, pero suficiente para recordarnos que el momento que habíamos esperado durante tanto tiempo, ahora, llegaría. El día, la hora, el segundo cuando todo cambiaría. A las 16:00 la jueza Jazmin Barrios dictaría una sentencia histórica.
Algunos habían esperado desde el comienzo de la audiencia a las 8:00 de la mañana, pero para muchos el tiempo de espera real se había extendido por más de 30 años ¡30 años! Qué cantidad de sentimientos, esfuerzos y desesperanzas vividos al calor de la lucha contra un sistema de justicia débil y una élite que había engañado, escupido y pisoteado a las víctimas de la guerra: los pueblos guatemaltecos. Pero ahora todo se transformaría en esperanza y fuerza.
Miro a mi alrededor, manos entrelazadas, madres abrazando a sus hijos. Las manos tiemblan, el corazón retumba, la tensión deriva en exaltación, sudor en la frente. La resolución de la Corte se lee, todes escuchan en silencio pero la energía de la sala trasmite la esperanza de que la lucha y haber tenido que recordar lo más horrible, no ha sido en vano. La hora de la justicia llegó. Aguanto la respiración cuando la jueza Barrios coloca sus lentes más abajo, casi en la punta de su nariz, mientras, con su mirada, observa la sala justo antes de dictar la sentencia y el enjuiciamiento.
80 años por 1.771 ejecuciones, por incontables desapariciones, eliminación de comunidades enteras, por tortura, violencia y abusos sexuales contra mujeres. Por intentar exterminar de manera sistemática a una cultura entera , por intentar acabar con el sustento de la existencia de un pueblo.
“Guatemala quiere paz. Para lograr eso, necesitamos justicia”, expresa la evidentemente conmovida Barrios con una voz temblorosa. “Estos hechos no se repetirán”.
La sala se funde en un éxtasis de aplausos. Algunos lloran, otros gritan por la victoria con el puño orgullosamente levantado : “¡Justicia, justicia, justicia!”. Una tensión inexplicable que provoca piel de gallina y la necesidad de una explosión descontrolada de sentimientos.
Nunca presencié algo similar. Estar sentada en una sala colmada de la esperanza de niños, jóvenes y ancianos, todos queriendo oír la resolución de la Corte. Una sentencia, pero lo más importante, un reconocimiento a los testimonios del pueblo: “¡Sí, hubo genocidio!”
Lloro lágrimas de alegría. No sólo por los hermanos y hermanas Ixil, sino también por todes les que sufrieron bajo la mano dura de Ríos Montt. Por todos los guatemaltecos y guatemaltecas que han sufrido injusticias durante una larga y dolorosa guerra.
Lloro lágrimas de alegría por todes les que este viernes reconquistaron la justicia. Aunque sea sólo por un día, vale más que cualquier cosa.
¡Sí, hubo genocidio! ¡Por primera vez en la historia un jefe de Estado en América Latina fue condenado por genocidio y crímenes de lesa humanidad en un tribunal nacional!
(El texto fue previamente publicado en el blog de LAG Folk og Røvere i Latin-Amerika, 12.05.13)
Tela tejida tradiconalmente del pueblo Maya Ixil, Quiché, Guatemala, texto bordado con hilo blanca de lana