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INGRID IMINGEN

Brigada de solidaridad en Brasil 2014



Mi parche es de lino, confeccionado con restos de cortinas de nuestra sala. Reciclaje ¡Porque mucho de lo que tengo de la brigada lo uso todavía! Quiero contar cómo participar de una brigada me cambió la vida, aunque no me resulta fácil hacerlo con palabras. Ser brigadista te moldea como persona. El respeto por la naturaleza y la esperanza de cambio resume mucho de lo que me llevé de aquella experiencia. Me siento tan afortunada y privilegiada de haber podido conocer al mundo de esa manera. Los símbolos de mi parche son simples, pero guardan significados profundos:

-La piña: de cuando participamos en el Congreso Nacional del MST. Fue lo primero que hicimos al llegar a Brasil. Días largos de formación política y dificultades con el idioma. Las y los campesinos vendían comida y mercancías en el mercado. No puedo olvidar el sabor a piña en su óptimo punto de madurez. La piña era cara. Era más pequeña que las piñas que había visto antes. Pero tan ricas. Yo era una de esas a quien, en el pasado, no le gustaban las piñas. Me daban picazón en la boca. Allí aprendí sobre su largo tiempo de maduración: 150 días. Más vale tener respeto por esta fruta.

– El corazón: por todas las personas que conocí. Las familias en el campo, mis compañeras y compañeros de la brigada, y las mejores coordinadoras del mundo.

– La ola: una playa de Casandoca. Visitamos a los descendientes de esclavas que se resisten a abandonar sus territorios y luchan contra proyectos turísticos. Quieren mantener su cultura pero se debaten entre las comodidades de la ciudad y sus prácticas ancestrales. Dormimos en la playa y probamos açaí ¡Que delicia! Una nueva fruta en mi repertorio.

– La estrella: las y los niños en el asentamiento que visitamos una noche. Estuvimos durante los festejos de carnaval en un asentamiento urbano. También visitamos algunas ocupaciones más alejadas de la ciudad. Vida dura en las casillas. Las y los niños sonreían pero fue duro ver lo poco que tenían ¡Pero tenían esperanza! Y el área era linda y el cielo de estrellas era tan claro. Me impresionó.

– Maracuyá: existía el rumor de que a los noruegos les encantaba el mousse de maracuyá. Un día me desperté y una vecina me había traído mousse ¡Delicioso! Se convirtió en otra fruta favorita. Siempre me impresionó la cantidad de plantas desconocidas que tenían. Aunque se podían encontrar en supermercados en Noruega, era interesante conocer sus orígenes y la forma en que eran cultivadas. El maracuyá se utiliza, por ejemplo, para conciliar el sueño de les niñes durante la noche.

– Bajo la lona negra: La casilla de Nilo, el militante que me alojó, estaba ubicada en un lugar central del asentamiento. Allí los terrenos eran grandes y las casillas eran visibles. Dormimos en una casilla vecina y Hedda fue atacada por moscas blancas en toda la espalda. MUCHAS.

– MST: en rojo brillante como el color de la organización. El MST tenía grandes banderas de tela sintética barata. Formación política en la ENFF y en el estado de Mato Grosso. Bloqueos de carreteras. Manifestación frente al Palacio Presidencial ¡Y más! ¡Que organización!

– Sol: tiempo caluroso. “El sol quema, quédate en la sombra”. Muchos deseaban tener la piel blanca. Les causó gracia cuando les conté que “todos los noruegos” quieren broncearse. Pensando en el cáncer, es mejor evitar quemarse.

Estos son algunos recuerdos que he podido evocar mientras bordaba. La verdad es que no soy rápida bordando.