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LARISSA AVELAR

Presidenta de LAG en 2021- y iniciadora de la campaña #elenão en Noruega



El parche está inspirado en las protestas surgidas a raíz del asesinato de la política brasilera Marielle Franco, el 14 de marzo de 2018. En todo el mundo crearon letreros con el nombre de Marielle para visibilizar su trabajo político y condenar la impunidad de los asesinos

El texto, escrito por Larissa Avelar, fue publicado en la revista de LAG sobre feminismo, publicada en 2018.

#EleNão

Hombres que odian a mujeres
Muy temprano en un día otoñal, apareció el hashtag #elenão en las tendencias de Facebook. Una amiga me había agregado al grupo: «Mujeres contra Bolsonaro». Jair Bolsonaro, el candidato presidencial en Brasil, separa a las mujeres en dos categorías: las que merecen ser violadas y las que no. No me sorprendió que el grupo ya contase con 40.000 mujeres miembras y que, luego de dos semanas, la cifra alcanzace las tres milliones. Entonces, el grupo fue hackeado. También los correos y las cuentas de WhatsApp de las administradoras. Además, el nombre del grupo de Facebook fue remplazado por: «Mujeres por Bolsonaro». Este fue el origen del movimiento de mujeres más grande de Brasil.

Hasta aquí desandamos sólo una de las maneras de considerar al fenómeno. También es necesario prestar atención a la cultura machista. La cultura que legitima a Bolsonaro cuando afirma que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque se embarazan. La cultura machista mundialmente fuerte pero que en algunos lugares comete más atrocidades que en otros.

Incremento de violencia
Según la Organización Mundial de la Salud, Brasil se ubicaba, en agosto de 2018, en el quinto lugar entre los países donde se registraban mayor cantidad de femicidios. Los porcentajes eran aún más calamitosos si consideraba solo a las afrobrasileras. Durante los últimos diez años los asesinatos de mujeres negras habían aumentado 15,4 por ciento, mientras que los femicidios de mujeres blancas habían disminuído un 8 por ciento. Además, entre 2017-2018 se habían incrementado las violaciones en un 8,5 por ciento. Los números son tenebrosos pero posibles de ser explicados. A contramano de lo que sucedía hace 30 años, las mujeres han empezado a denunciar. Ya en la transición democrática, en 1988, comenzaron a notificar los abusos a la justicia. En ese entonces, grupos de derechos humanos jugaron un papel importante en la redacción de la Constitución y en el reconocimiento de derechos sociales. Un buen ejemplo es Geledés, el Instituto de la Mujer Negra, establecido en 1988 y que hoy constituye una de las organizaciones más respetadas dentro del trabajo contra el racismo con perspectiva de género.

Luego de conquistada la democracia, surgieron centenares de movimientos de mujeres. Muchos nuclean a la mujeres más vulnerables, como las mujeres trans y negras. La irrupción de los movimientos evidencia que cada vez más mujeres se sienten suficientemente fuertes para denunciar los acosos, las amenazas, las violaciones y todo tipo de violencia contra ellas.

No es una ola de conservadurismo pero sí un mar de machismo

Cuando nos han enseñado a callarnos, el acto de denunciar se torna revolucionario. Los números no reflejan necesariamente un incremento de los abusos pero sí un incremento de las denuncias. Son mujeres que no temen señalar al perpetrador y llamarle violador. Son mujeres que quieren culpar a quien corresponde: a los perpetradores y no a las víctimas. Son mujeres que se atreven a exigir sus cupos en la política y las empresas. Naturalmente, estos movimientos han provocado una fuerte reacción de los conservadores, quienes desean que las mujeres regresen a la cocina. Naturalmente, un personaje como Bolsonaro, entonces, ha accedido al poder.

Bolsonaro y sus seguidores no representan una ola de conservadurismo. No, ellos siempre han estado allí, como parte de un mar de machismo. Un mar que permanecía tranquilo porque no existía quién lo agite. El machismo siempre ha definido las reglas de juego. Cuando se levantan, ahora, como un tsunami, es porque las mujeres están teniendo éxito con su lucha.

Estrategia fracasada
El movimiento #elenão es una protesta pero también una manera de proteger los avances conseguidos. Las mujeres seguirán siendo sujetas políticas activas. Como todo en Brasil, la política está llena de machismo. Ridiculizaban a la ex presidenta Dilma Rousseff por su ropa y a Marina Silva, candidata presidencial en 2018, porque su cabello no era apto para ser presidenta. Entre los ejemplos más grotescos podemos recordar los carteles de Dilma con las piernas abiertas, pegados en gasolinerías de todo el país. La norma es la sub-representación de las mujeres en cada espacio de toma de decisiones. Sólo basta con revisar las estadísticas de mujeres en el Congreso, el Senado y el Poder Judicial. Aun así, las mujeres están allí y son cada vez más. El asesinato de Marielle Franco echó más leña al fuego dentro del movimiento de mujeres. Supuestamente, al asesinar a Marielle nos callarían. Era una advertencia, pero la estrategia fracasó.

Con #Elenão el activismo y compromiso de las mujeres ha aumentado. Esto no debe ser desestimado en un contexto donde el odio hacia las mujeres es parte de estructuras enraizadas.

¡Solidaridad internacional y lucha!
Las mujeres en Noruega no sólo queremos solidarizarnos con nuestros parientes y amiges en Brasil, sino que además queremos compartir nuestras experiencias en suelo noruego. Aquí experimentamos cómo políticas públicas bien logradas protegen los derechos de las mujeres. Claro que para garantizar dicha protección debemos desarrollar una vigilancia constante. Porque también en los países donde ganan las estadísticas de equidad de género, existe una cultura machista. Todas las brasileras en otras partes del mundo conocen muy bien el estereotipo de la «mujer brasilera sexy». La lucha contra los estereotipos y el destrato a los migrantes forman parte de nuestra lucha.

#elenão es, en principio, un movimiento brasilero. Pero el gran apoyo obtenido en el exterior nos muestra que el movimiento tiene mucha más envergadura. Es también un movimiento solidario. Sin embargo, observamos en todo el mundo cómo las fuerzas conservadoras usan a las mujeres, la migración y las preferencias sexuales como tarjeta de negociación en el camino hacia la conquista del poder. Bajo el comando de Trump, las personas trans en EE.UU. vieron peligrar su derecho a la identidad. En Noruega, las mujeres han desarrollado acciones de protesta para proteger la ley de aborto vigente. Los contextos son diferentes del que se registra en Brasil, pero ambos ejemplos reflejan aspectos de la misma raíz conservadora.

Después del hackeo del #elenão, el movimiento se trasladó de la red a las calles. Hubo manifestaciones en 25 países. Se modificó el texto de la reconocida canción «Bella Ciao», un símbolo en la lucha contra el fascismo italiano, y se pudo escuchar: «una mañana, me he despertado, y resonaba: ele não, ele não, não, não». Hoy «ele não» significa algo más que «Bolsonaro no». Significa un rechazo a la cultura machista, un rechazo a los hombres que odian a las mujeres y un hito para la unidad del movimiento de mujeres