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NINA SCHJANDER LUHR Y FAMILIA

Nina era brigadista en Guatemala en 1998 y coordinadora de las brigadas en Colombia 2017



En 2017 viajamos mi familia y yo a Cauca, Colombia. Viajé para coordinar las brigadas de solidaridad de LAG. Las organizaciones locales del Coordinador Nacional Agrario (CNA) serían nuestras compañeras de ruta. Mi esposo, nuestros dos hijos y yo llegamos a Popayán un día de enero con cuatro maletas y sin lugar para vivir. Antes de que nos preocupáramos por nuestra precaria situación, una organización campesina local, ORDEURCA, nos ofreció alojamiento en uno de los dos cuartos de su granja. Allí ya vivían tres personas, tres perros, muchas vacas, gallinas y conejos. Un lugar perfecto para dos niños de 4 y 6 años.

A veces la granja se llenaba de jóvenes que aprendían sobre derechos humanos, medioambiente y agricultura orgánica. Luego de algunas semanas llegaron, desde Noruega, otres diez jóvenes. Iban a participar en la brigada de solidaridad y aprenderían sobre los mismos temas. Además, conocerían cómo las inversiones internacionales, incluyendo las noruegas, contribuyen a que la lucha por los territorios se torne aún más violenta. También aprenderían sobre la defensa de la naturaleza y la autogestión de las organizaciones campesinas locales. La foto del parche fue tomada en el exacto momento en que les brigadistas escuchaban sobre los vínculos entre la lucha por soberanía alimentaria en Noruega y el resto del mundo. Si no se hubiera, por ejemplo, sembrado monocultivos de eucalipto en algunas regiones de Colombia, podrían existir más granjas produciedo leche, huevos, maíz y verduras. Mientras los brigadistas escuchan con atención, Syver acaba de ser regañado por correr alrededor de la bandera de ORDEURCA y tirarla al suelo. Antes, había simulado no escuchar nuestras advertencias. Ahora está de mal humor y no acepta las empanadas que le ofrecen. Finalmente accede a probar una. Y otra más. Hasta que come muchas y está feliz como el sol. Las empanadas tienen ese efecto.

Transcurrieron algunas semanas, los terneros crecieron y de reprente entendimos que la persona que normalmente dormía en nuestro cuarto, ahora conciliaba el sueño en el piso de ladrillo de la oficina. Aquí la hospitalidad no tiene límites. Finalmente conseguimos un apartamento en la ciudad y le devolvimos a Walter su cama y el perro. Las jóvenes noruegas visitan familias campesinas en diferentes partes del sureste colombiano. El objetivo es que sientan en el cuerpo el trabajo en el campo y aprendan, a través del diálogo con las familias, de la lucha por mejores condiciones de vida. Pocos meses antes, el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC habían firmado la paz. El acuerdo sería fundamental para detener el conflicto armado más largo de América Latina, desarrollar al campo y alcanzar la verdad sobre las atrocidades cometidas durante la guerra. Sin embargo, la violencia continuó. Los campesinos que cultivaban coca, a quienes se les había prometido apoyo en la sustitución de sus cultivos, volvieron a ser amenazados. Las indígenas que exigían que se respeten sus territorios, volvieron a ser masacradas. Y el acuerdo de paz se convirtió, tal como opinaban muchos de los que conocimos, en hojas con tinta.

Mi esposo cubrió las paredes del ático del apartamento con colchones para usarlo como estudio de grabación. Es compositor y durante los meses en Colombia compuso música para el documental «Reconstrucción Utøya». En el documental, cuatro sobrevivientes de Utøya, el ataque neo-fascista acontecido el 22 de julio de 2011, rememoran el acontecimiento más dramático de la historia noruega luego de la Segunda Guerra Mundial. En esos meses, varios músicos colombianos contribuyeron con el proyecto. Nos sorprendió y conmovió que les colombianes mostrasen tanta compasión y compromiso con la historia del 22 de julio. Justo elles, que experimentaban a diario el asesinato de personas. Sin embargo, elles se conmovían con el dolor ajeno. Todes podemos tener anhelos y sufrir heridas. En donde habitan humanos, existen compañeros.

«Solidaridad» es una palabra grande y abstracta. Y, al igual que la palabra «amor», necesita de llenarse de olores, sonidos, cercanías, nueva sabiduría, esperanzas, sueños compartidos y personas entrelazándose, para adquirir sentido.