Duradera miembra de LAG

Creo que fue durante el tercer día de la revolución nicaragüense, el 21 de julio de 1979, que visité por primera vez al pueblo indígena náhuatl, en Monimbó. Para entender por qué la dictadura de Somoza acababa de ser derrotada, era importante visitar a aquella comunidad. Nadie en Nicaragua había presentado más resistencia a la Guardia Nacional que los jóvenes de Monimbó.
Había visto las máscaras icónicas de la rebelión contra Somoza en las fotos de Susan Meiselas. Ahora las observaba en acción. Ellos me contaron su historia, desde la lucha contra los españoles en adelante. Me llevé algunas a Noruega. También traje conmigo otras artesanías por las que Monimbó era reconocida: hamacas y sillas mecedoras. No se podían encontrar mejores fuentes de nostalgia por Nicaragua que éstas.
Visité de nuevo a Monimbó durante la campaña electoral de 1990. Viajé junto a Susan Meisalas. Estuvimos en una reunión electoral junto a Violeta Chamorro, símbolo de la Nicaragua dividida, y a varias familias enfrentadas por la guerra que destruyó al país luego de la revolución. Nadie creía en que ella ganaría las elecciones contra el candidato sandinista Daniel Ortega y se convertiría en presidenta. Ninguna encuesta lo predijo. Cuando ganó, usamos las máscaras de Monimbó, conocidas como máscaras Güegüenses, para explicarlo. El pueblo de Monimbó, al igual que el resto de Nicaragua, había escondido su identidad detrás de sus máscaras, con el objetivo de defenderse de la violencia ilimitada del poder. Cuando los jesuitas, principales intelectuales de Nicaragua, analizaron por qué les sandinistas habían perdido, la explicación que encontraron fue «el factor Güegüense» ¿Por qué el pueblo develaría a una encuestadora la verdad sobre a quién votaría? El Güegüense es un personaje de drama satírico, considerado la primera forma de teatro en Nicaragua y quizá en toda América, producto de la mezcla entre de cultura indígena y española. Fue él quien nos brindó la respuesta que necesitábamos.
En abril de 2018 las jóvenes nicaragüenses se levantaron contra un líder previamente revolucionario, quien había acaparado el poder, corrompido al país y usado las fuerzas policíacas en contra de su pueblo. Otra vez los jóvenes en Monimbó estaban en la primera línea de combate contra lo que ahora llamaban «la dictadura orteguista». Con sus máscaras y barricadas en cada esquina, 300 en total, resistieron contra la policía y las «Hilux-asesinas» de Ortega, las camionetas que los escuadrones de muerte enviaron a esa parte de la ciudad. El 17 de julio, después de repetidos intentos y un combate final que duró siete horas, los cientos de jóvenes sobrevivientes se retiraron y escondieron detrás de sus máscaras. Hoy aguardan que un país extenuado lo llame nuevamente para continuar luchando por justicia.
En 2005, la UNESCO declaró al teatro Güagüense patrimonio de la humanidad. Si alguna vez viajan a Nicaragua, les recomiendo especialmente que vayan a Diriamba durante la tercera semana de enero. Allí podrán ser testigos de una expresión cultural única. Es realismo mágico puramente nica.