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VILDE HAUGSNES

Brigada de solidaridad en Brasil 2014



Brasil

En mi parche hay tres elementos, todos relacionados a experiencias en Brasil, país donde he transcurrido gran parte de mis últimos años.

Florestan Fernandes
El primero es Florestan Fernandes, el símbolo de la escuela nacional del MST (ENFF), en São Paulo. Allí trabajé en la secretaría internacional en 2018 y 2019. En la ENFF hay cursos de formación política para activistas de todo el mundo. La ENFF ha sido central en la formación política de todas las brigadistas de LAG que han visitado Brasil.

La ENFF es como una pequeña comunidad cerrada. Allí trabajan 50 personas/activistas. Pueden ser solteros o solteras, con hijes o sin elles. Son responsables del funcionamiento de la escuela. Todes tienen tareas fijas y se reparten entre cuatro sectores: producción, administración, servicio y sector pedagógico. Además, existen tareas colectivas que incluyen la limpieza de áreas comunes y el traslado de mercaderías. Cuando hay grandes eventos, todes contribuyen. Se dividen en grupos de trabajo para cocinar, limpiar, atender el bar y cuidar de la seguridad del lugar.

La ENFF es mucho más que una escuela normal. Es un centro de intercambio cultural y debate político. Allí se organizan desde reuniones de fines de semana hasta cursos de tres meses, que requieren que los «estudiantes» se alojen en la misma escuela. Todes les que participan en los cursos asumen tareas o trabajo militante: lavar la vajilla, las áreas comunes, los baños, ayudar en el huerto, etc. La lechuga, las hierbas y otras de las verduras que se consumen a diario son producidas en la misma escuela.

Para entender a la ENFF es necesario vivirla.

También el segundo y el tercer elemento de mi parche están relacionados a mi trabajo en la ENFF.

Ocupación de la sede de Bayer
Los elegidos recibieron un mensaje de texto dos días antes. El mensaje decía: «Dirígete a la biblioteca a las 16:15». Nada más. Fuimos, con la curiosidad a flor de piel, y allí encontramos a Rosana, la coordinadora de la escuela. Nos informó que seríamos parte de una acción.

Dos días después, a las 04:45, un grupo de nueve mujeres y un hombre estaban alistados. Nos recogió un bus y nos llevó a São Paulo. Allí paramos para recolectar a más personas y recibir indicaciones. Había muchísima gente. Cinco buses en total. Durante el viaje nos dieron, a cada una, un pañuelo con flores para que nos cubrásemos el rostro. Es el pañuelo que pueden ver en mi parche.

2.000 mujeres del MST y otras organizaciones hermanas ocupamos la sede principal de Bayer, como parte de una protesta internacional contra el cambio climático.

En 2018, Monsanto, uno de los mayores productores de pesticidas del mundo, había sido comprado por Bayer.

Durante los primeros nueve meses de Jair Bolsonaro en el gobierno, se habilitó el uso de 325 nuevos pesticidas. Una política abiertamente nociva para la naturaleza brasilera.

Lula Livre
Otro elemento de mi parche es la cinta con la frase «¡Lula Livre!». La obtuve cuando participé del grupo de seguridad en la recepción de Lula tras ser liberado.

En la tarde del viernes 8 de noviembre, Lula fue liberado luego de 580 días de cárcel. La Corte Suprema de Justicia había decidido que no se podía encarcelar a personas que aún tuviesen instancias de apelación. Esto valía para Lula así que quedó en libertad. Durante su cautiverio, el MST junto a otras organizaciones, montó un campamento afuera de la cárcel desde el que diariamente intentaban transmitirle ánimo. «Buen día, Lula», lo saludaban todas las mañanas a través de megáfonos.

El 9 de noviembre de 2019 Lula llegó al edificio del Sindicato de los Trabajadores Metalúrgicos del ABC en São Paulo, organización donde había militado en su juventud. El día anterior, en la ENFF, nos habían preguntado si podíamos ser guardias en el evento. Fuimos un grupo compuesto por diez personas.

Todo transcurría con cierta tranquilidad hasta que Lula decidió que la muchedumbre lo cargarse en andas. Nuestra tarea fue abrirle paso hasta la escalera apostada a la entrada del edificio. Con mi compañeres nos sujetamos brazos con brazos. La gente empujaba desde todos lados. No había más de diez centímetros entre nosotres, pero por allí debía pasar Lula sentado en los hombros de un robusto trabajador metalúrgico. Tuvieron que transcurrir 15 minutos eternos para que Lula atravesase la masa de personas. Algunos a nuestro alrededor se desmayaron producto de la congestión y el calor. Nuestra tarea era hacer espacio para que Lula pasase. No puedo explicar cómo, pero lo logramos. En gran medida gracias al círculo interno de guardias musculosos de Lula, quienes casi sin dificultad quitaron a la gente del camino. Para nosotras fue suficiente con intentar mantenernos en pie. Lula atravesó la masa de personas y subió por las escaleras. Lo tuve a no más de 5 centímetros de mí.